sábado, 30 de noviembre de 2013

Un planeta casi como la tierra :

Descubierto un planeta extrasolar como la Tierra pero infernalmente caliente




Kepler 78b es un planeta muy similar a la Tierra. Por tamaño y masa es algo superior, pero su composición de hierro y roca debe ser casi la misma. Dicen los científicos que es el planeta extrasolar más parecido a la Tierra que se ha descubierto y está a 400 años luz de distancia de aquí. ¿Habitable? Rotundamente no: está tan cerca de su estrella que la temperatura allí debe andar entre 3.000 y 5.000 grados centígrados, un auténtico infierno. Da una vuelta completa alrededor de la estrella cada 8,5 horas (unas 20 órbitas a la semana), en lugar de los 365 días que tarda la Tierra en dar la vuelta al Sol, y acabará destruido por su propia estrella dentro de 3.000 millones de años. De momento, lo importante para los astrónomos es que Kepler 78b es el exoplaneta más pequeño del que se ha podido determinar con precisión la masa y el radio –y a partir de estos parámetros deducen la composición-. Además, es un paso más hacia el futuro estudio de objetos de este tipo que sean auténticos gemelos de la Tierra e incluso en un entorno más templado.
Dos equipos independientes (uno estadounidense y otro de suiza, Italia, Reino Unido y Estados Unidos) han investigado el Kepler 78b y han obtenido datos muy similares sobre sus características, lo que refuerza los resultados. Presentan sus respectivos trabajos en dos artículos publicados en la revista Nature. El grupo  liderado por el italiano Francesco Pepe (Universidad de Ginebra) ha hecho sus observaciones de precisión con el Telescopio Nacional Galileo (TNG, Italia) instalado enla isla de La Palma. El otro equipo, con Andrew W.Howard (Universidad de Hawai) como primer firmante, ha utilizado uno de los grandes telescopios Keck.
El planeta en cuestión es uno de los 2.740 candidatos que halló el telescopio espacial Kepler antes de estropearse y quedar inutilizado para lo que había sido diseñado: buscar planetas extrasolares vigilando 150.000 estrellas parecidas al Sol para detectar cualquier disminución transitoria de su luz que pudiera indicar que un cuerpo en órbita se cruza por delante del astro en la línea de visión desde la Tierra. Kepler 78b está en órbita de una estrella algo más pequeña y más joven que el astro del Sistema Solar y el paso por delante del planeta atenúa su luz en un 0,02%.

          
Kepler 78b es un 20% más grande y un 69% más masivo que la Tierra, según han medido Howard y sus colegas, incluido Geoffrey W.Marcy, uno de los grandes especialistas mundiales en la caza de planetas extrasolares, y Roberto Sanchís-Ojeda, astrónomo del MIT que anunció el descubrimiento del planeta en cuestión el pasado verano. El otro equipo, liderado por Pepe (y con la participación de Michel Mayor, descubridor del primer planeta extrasolar y gran competidor de Marcy) fijan el radio de Kepler 78b en 1,16 veces el de la Tierra y su masa en 1,86 masas terrestres. Con estos valores, estiman su densidad en 5,57 gramos por centímetro cúbico, “que es similar a la terrestre e implica una composición de hierro y roca”, escriben estos investigadores en Nature. Para los estadounidenses, el radio de Kepler 78b es 1,20 el de la Tierra, la masa 1,69 y la densidad 5,3 gramos por centímetro cúbico. Para intentar explorar la estructura interna del objeto, explican Howard y sus colegas, han utilizado un modelo sencillo de núcleo de hierro rodeado de un mando de silicatos y obtienen un 33% del primero y un 67% de rocas. Con una temperatura entre 3.000 y 5.000 grados centígrados, cualquier atmósfera gaseosa que hubiera podido tener en algún momento Kepler 78b se habría evaporado hace mucho tiempo.
“Este planeta se descubrió recientemente y estaba claro que tenía un diámetro pequeño (tipo terrestre) y con un periodo orbital de ocho horas y media”, ha explicado a EL PAÍS Emilio Molinari, director del TNG y uno de los autores de la investigación. “Así, Kepler 78b era un candidato muy interesante y los dos grupos que tenían a disposición un instrumento adecuado [para estudiarlo] enseguida se metieron [en las observaciones], así que no es casualidad [que estemos los dos grupos], sino un seguimiento de un candidato prometedor”.
Efectivamente, tras el hallazgo con el Kepler, había que ponerse a estudiar el planeta con instrumentos astronómicos que proporcionaran más información sobre él. Los estadounidenses recurrieron al Keck I (de espejo principal de 10 metros de diámetro) y su espectrógrafo Hires, mientras que Pepe y sus colegas han aprovechado la instalación en el telescopio Galileo (de 3,57 metros) de un instrumento muy apropiado para estudiar planetas, una versión del Harp que funciona en un telescopio del Observatorio Europeo Austral, en Chile, para rastrear la bóveda celeste Sur y que, el año pasado, se estrenó para el cielo del Norte.
Además de medir la atenuación de la luz de la estrella cuando se cruza el planeta, lo que se llama tránsito, los astrónomos buscan y estudian exoplanetas midiendo las ligeras oscilaciones de la estrella debidas al efecto gravitatorio que tiene la presencia del planeta a su alrededor y a partir de ahí deducir las características de este último.
Kepler 78b forma parte de un nuevo subgrupo de planetas que tardan menos de 12 horas en completar una órbita completa, recuerdan Howard y sus colegas. Son cuerpos pequeños, entre una y dos veces el tamaño de la Tierra.
Desde luego, los científicos quieren seguir buscando planetas lo más parecidos a la Tierra posible y para ello están preparando nuevos telescopios e instrumentos avanzados. Drake Deming, experto de la Universidad de Maryland, recuerda en un comentario en Nature que el futuro telescopio James Webb, el sustituto del Hubble, y la misión TESS que prepara la NASA “proporcionarán medidas de masa de exoplanetas cuyos entornos sean más templados que el de Kepler 78b”. En cuanto al futuro de este último, “está destinado a desaparecer”, dice Molinari. “Las fuerzas de marea lo arrastrarán cada vez más cerca de su estrella y en algún momento se acercará tanto que la fuerza de gravedad de la estrella lo romperá”. Según modelos teóricos, continúa el astrónomo italiano, “esto podría ocurrir dentro de 3.000 millones de años”. Nuestro sistema solar podría haber tenido un planeta como este, pero habría sido destruido “temprano en la evolución del sistema, sin dejar rastro hoy en día”, concluye Molinari.
Tan cerca está Kepler 78b de la estrella, que desde su superficie, se debe ver el astro como un inmenso disco ardiente ocupando la mitad del cielo desde el horizonte al cenit, señala Deming.
y OTRA MÁS :

El ‘Hubble’ saca una nueva foto de la estrella más cercana



Proxima Centauri, la estrella más próxima a la Tierra, forma parte de un trío con Alpha Centauri A y B, en la constelación del Centauro. Es un astro normalmente poco luminoso (una enana roja), que no se aprecia a simple vista, y pequeño en comparación con otras estrellas: su masa es aproximadamente solo un octavo de la solar. Pero de vez en cuando sufre cambios importantes en su brillo debido a procesos de convección. El telescopio espacial Hubble ha sacado una nueva imagen de este astro vecino nuestro y, pese a la potencia de este observatorio, no pasa de verlo como un objeto puntual en el cielo, señala la NASA en un comunicado. Sin embargo, gracias al conjunto de telescopios VLT, delObservatorio Europeo Austral (ESO), utilizados en modo combinado (interferometría óptica), los astrónomos lograron medir su radio: un séptimo del solar o 1,5 veces el de Júpiter.
A esta estrella le queda una larguísima vida: los astrónomos calculan que seguirá siendo un astro de mediana edad durante otros cuatro billones de años, unas 300 veces la edad actual del universo. El Hubble ha tomado la nueva imagen con su Wide Field and Planetary Camera 2. Aunque se han buscado, no se han detectado planetas extrasolares en torno a Próxima Centauri.
Otra noticia sobra agujeros negros todas de hoy:

Un resplandor “monstruoso y cercano” en el universo


Una estrella mucho más masiva que el Sol y mucho más compacta, colapsó hace unos miles de millones de años; seguramente se convirtió en un agujero negro. Pero la luz de aquel estallido ha llegado ahora a los telescopios terrestres especializados en detectar y observar estos fenómenos en el cielo. Es el más brillante destello de rayos gamma (GRB, en sus siglas en inglés) detectado hasta ahora, afirman los expertos. Y está relativamente próximo a la Tierra, en tiempos cosmológicos, ya que su luz ha recorrido una distancia de 3.700 millones de años hasta nosotros, lo que supone menos de la mitad de la distancia típica de los GRB. Uno de los equipos científicos que han estudiado este excepcional fenómeno lo califican de “monstruo cercano” en el título de su artículo científico que se publica en Science esta semana, junto con otros dos trabajos sobre el mismo estallido de rayos gamma, que fue detectó el pasado 27 de abril mediante observatorios en el espacio.
“Normalmente, detectamos los GRB a mayor distancia, lo que significa que se ven muy tenues, pero en este caso el destello se produjo a solo una cuarta parte del tamaño del universo observable, así que fue muy brillante”, señala Paul O´Brien, astrónomo de la Universidad de Leicester(Reino Unido). “En esta ocasión se generó también una supernova, algo que no habíamos registrado antes junto con un potente GRB, y estamos intentando descifrar el fenómeno”, dice en un comunicado de su universidad. “El hecho de poder ver un brillante destello a un cuarto del universo es realmente como traernos a casa el asombroso poder de estas explosiones”, añade Nial Tanvir, otro investigador que ha estudiado este fenómeno concreto.
Los destellos de rayos gamma son frecuentes en el cielo: aproximadamente un centenar al año registra el satélite Swift, de la NASA, puesto en órbita en 2004 precisamente para detectar estos fenómenos fugaces y que vio el “monstruo” del pasado abril. Para esta vigilancia científica es imprescindible colocar telescopios en el espacio porque, afortunadamente para la vida en la Tierra, la radiación de rayos gamma tan perjudicial para los organismos vivos, es absorbida por la atmósfera. En este caso, el primero en detectar el estallido fue el FermiGamma Ray Space Telescope (Universidad de Stanford y SLAC).
El potente estallido de abril, denominado GRB 130427A, fue tan brillante que descoloca a los científicos. La teoría más aceptada para describir un GRB como este, señalan los investigadores de Stanford que vieron casi desde el principio, observaron y analizaron el fenómeno, establece que estos fenómenos se producen en explosiones más energéticas que se dan en el cosmos, cuando una estrella muy masiva colapsa sobre sí misma y explota. Estas explosiones lanzan chorros de partículas que viajan casi a la velocidad de la luz y, como la presión, temperatura y densidad del chorro no son uniformes, provocan ondas de choque. A medida que el chorro sale, choca con el medio interestelar provocando más ondas de choque.
El problema es que un fenómeno tan extremo como el GRB 130427A no encaja bien con los niveles de energía y procesos físicos predichos por la teoría. Por eso los científicos están muy interesados es desvelar cómo se producen los destellos de rayos gamma, precisamente para afinar sus conocimientos teóricos, y no tienen más remedio que estar pendientes de los que se producen en el cielo ya que no pueden reproducirlos en laboratorio. El estallido de abril potente y cercano, fue una oportunidad espléndida.
En cuanto un telescopio en órbita detecta en el cielo un destello de rayos gamma, se dispara la alerta para que los telescopios en todo el mundo, en tierra y en el espacio, puedan seguir la evolución del fenómeno. El estallido puede durar menos de un minuto , pero el resplandor subsiguiente dura más tiempo, entre unos pocos días y varias semanas. “En el caso de GRB 130427A, el destello fue tan potente que pudimos observar el resplandor remanente durante varios meses”, señala Daniele Malesani, del Instituto Niels Bohr (Universidad de Copenhague). “Analizando la luz del resplandor podemos estudiar su composición, lo que nos habla de las propiedades de la estrella original, lo que hemos descubierto es que era una estrella gigante con una masa que estaría entre 20 y 30 veces la del Sol, en rápida rotación y con un tamaño de solo 3 ó 4 veces la solar, así que era extremadamente compacta. Estas estrellas de denominan Wolf-Rayet”, continúa este experto. Además, estos astrónomos han sido capaces de localizar en el cielo, en observaciones previas, la estrella que explotó.
os traigo otra suculenta noticia:

Europa hará un nuevo telescopio de rayos X para estudiar agujeros negros


Un nuevo telescopio de rayos X para explorar el universo caliente y energético y un avanzado detector de ondas gravitacionales serán dos misiones científicas fundamentales de la Agencia Europea del Espacio (ESA) a medio plazo. Las dos áreas de investigación han recibido luz verde hoy, tras varios meses de selección entre 32 propuestas realizadas por la comunidad científica. El coste de cada una de estas misiones ronda los mil millones de euros.
“Ha sido difícil decidir qué temas científicos elegíamos entre todos los excelentes candidatos, pero creemos que las misiones de estudio del universo caliente y energético y de ondas gravitacionales desembocarán en descubrimientos de gran importancia en cosmología, astrofísica y en física en general”, ha declarado Catherine Cesarsky, presidenta del comité científico encargado de seleccionar las áreas de investigación de las futuras misiones europeas.
El telescopio de rayos X se lanzará hacia 2028 y su objetivo será responder a dos preguntas fundamentales: cómo y por qué se agregó la materia ordinaria en las galaxias y en los grupos de galaxias que vemos hoy en día y cómo crecen e influyen en su entorno los agujeros negros, explica la ESA. Aunque parece que hay mucho tiempo por delante hasta 2028, se trata de una misión muy compleja y el plan es empezar a trabajar inmediatamente: a principios del año próximo la agencia solicitará propuestas para desarrollar el futuro observatorio.
Xavier Barcons, científico del Instituto de Física de Cantabria, IFCA (CSIC - Universidad de Cantabria) es uno de los coordinadores de esta propuesta, denominada Telescopio Avanzado para Astrofísica de Altas energías (Athena, de sus siglas en inglés). “Después de casi 15 años de trabajo científico y cooperación alrededor de esta idea, es muy reconfortante ver que la ESA ha decidido que este sea el objetivo de su próxima misión científica”, ha declarado Barcons.
A pesar de que el cielo parece a simple vista estar poblado por estrellas, la mayoría de la materia ordinaria se encuentra en forma de gas tenue a temperaturas mucho más elevadas, invisible a los telescopios ópticos más potentes, explican los expertos del IFCA. En algunos lugares, este gas caliente se acumula formando las mayores estructuras coherentes del Universo: los cúmulos de galaxias. A las temperaturas de millones de grados a las que se encuentra, este gas emite radiación exclusivamente en rayos X y la clave para entender la formación y evolución de esas grandes estructuras cósmicas consiste en construir un gran observatorio que sea capaz de obtener imágenes ultrasensibles en esa banda.
Con un telescopio como Athena se podrá también escudriñar el universo en su infancia, en busca de los primeros agujeros negros supermasivos para verlos después crecer. La materia que alimenta los agujeros negros se pone incandescente antes de ser engullida para siempre, y emite rayos X de forma abundante. Se cree que la gigantesca cantidad de energía que se libera durante el crecimiento del agujero negro supermasivo que poseen las galaxias en su centro ha sido la responsable de regular e interrumpir la formación de estrellas en toda la galaxia. “Con un telescopio de rayos X como Athena conseguiremos realizar un censo completo de agujeros negros supermasivos en crecimiento y determinar con fiabilidad la energía que depositan en su entorno”, señala Francisco Carrera, del Instituto de Física de Cantabria.
“La obtención de imágenes en rayos X con el telescopio Athena supondrá un tremendo reto para el sensor de gran angular, pero la experiencia ya obtenida en misiones existentes nos da confianza en el diseño y desarrollo con éxito”, añade George Fraser, director del Centro de Investigación Espacial de la Universidad de Leicester (Reino Unido), miembro del consorcio Athena.
El detector de ondas gravitacionales irá al espacio después, en 2034, y la ESA pedirá propuestas también en 2014, pero más adelante. Los expertos que están preparando esta avanzada tecnología consideran que la misión de detección de ondas gravitatorias podría estar lista bastante antes de la fecha ahora fijada por la agencia europea. El objetivo será buscar arrugas en el espacio-tiempo generadas por objetos y procesos celestes de gran efecto gravitatorio, como la fusión de agujeros negros, según predice la teoría de la Relatividad General de Einstein. No se han detectado aún ondas gravitacionales directamente, pero se ha construido en tierra un gigantesco detector,Ligo, en EE UU, que se está poniendo a punto para lograrlo. Por sus efectos indirectos descubrieron ondas gravitatorias (en 1974) los radioastrónomos estadounidenses Joseph Taylor y Russell Hulse, que recibieron por ello el Premio Nobel de Física.
“La ESA tiene una trayectoria muy notable de desarrollo de observatorios espaciales de vanguardia que han revolucionado nuestro conocimiento de cómo nacieron las estrellas y las galaxias y cómo evolucionaron”, ha declarado Álvaro Giménez, director de ciencia y exploración robótica de la agencia. “Al meternos en estos nuevos temas, continuaremos empujando las fronteras del conocimiento para desvelar los misterios del universo invisible”.

Como os va a todos hoy he descubierto una noticia muy interesante :

Parte del cometa Ison parece haber sobrevivido, según la NASA


El cometa Ison, que ha mantenido la atención en todo el mundo por su incierto destino al aproximarse al Sol, sigue dando sorpresas a los científicos. El telescopio solar espacial SDO, con el que la NASA observó ayer el paso del cometa casi rozando la estrella, no vio ni rastro del objeto emergiendo tras el sobrevuelo y la NASA lo dio por “roto y evaporado”. Sin embargo, en las imágenes posteriores tomadas con otro telescopio espacial, el SOHO (de la NASA y la Agencia Europea del Espacio, ESA), se apreció una leve mancha en la zona precisamente por donde se esperaba que emergiera el Ison si hubiera sobrevivido.
Algunos expertos plantearon que pudiera tratarse de una nube en dispersión de partículas remanentes del feroz encuentro del cometa con la estrella. Pero, con el paso de las horas, no se ha dispersado esa nube y ahora los expertos de la NASA informan de que “se aprecia material del cometa al otro lado del sol, pese a no haberse visto durante su máxima aproximación”. La cuestión que sigue abierta es si esa nube se trata solo de restos del cometa o si algún fragmento remanente de su núcleo. Los análisis de los expertos de la agencia espacial estadounidense que están siguiendo el cometa “sugieren que, al menos, hay un pequeño núcleo intacto”.

Junto con el SDO y el SOHO, la NASA también ha estado pendiente del fenómeno con otro observatorio espacial: Solar Terrestrial Relations Observatory.
Según Sky & Telescope, el Ison emergió de su paso junto al Sol “como un fantasma sin cabeza”, en alusión a la nube dispersa alejándose de la estrella, y “se espera que se disperse”. Tal vez se ha roto, pero han podido sobrevivido fragmentos relativamente grandes que pueden acabar vaporizados y durar un cierto tiempo, señalaron algunos expertos al ver las imágenes.
“Es muy posible que se esté viendo el rastro de la materia dispersa del Ison y emitiendo pequeñas partículas”, señaló en Sky & TelescopeCarey Lisse, especialista en cometas de la Universidad Johns Hopkins (EE UU), tras el paso del cometa junto al Sol. “Otra opción, menos probable, es que el cometa se haya fragmentado en trozos grandes, como el cometa Shoemaker-Levy 9 antes de precipitarse en Júpiter (en 1994), y que estén soltando polvo. El abanico de polvo tras el perihelio [máxima aproximación del cometa al Sol] que vemos es lo que se esperaría de polvo que está sufriendo la presión de la radiación solar y las fuerzas gravitatorias mientras hace el giro en forma de U sobre el Sol”.
Los datos del SOHO ahora parecen ser algo más optimistas aún, con un núcleo cometario aún cruzando el cielo, aunque sea pequeño.
Sobre el destino del cometa, una bola de hielo sucio de unos cuatro kilómetros de diámetro, en su cita solar los científicos habían planteado tres posibilidades: que se rompiese y evaporase por la radiación solar y la fuerza gravitatoria de la estrella, que sobreviviese al encuentro y entonces luciría dentro de unos días en el cielo nocturno, o que se fragmentase. El Ison se acercó hasta 1,24 millones de kilómetros del Sol.
“A lo largo del año que los Investigadores han estado observando el Ison (y, especialmente, durante su aproximación final al Sol) el cometa ha ganado y perdido brillo de forma inesperada”, explica la NASA. “Tales cambios de brillo normalmente se producen en respuesta a material en ebullición saliendo del cometa, y diferentes materiales lo hacen a diferentes temperaturas, por lo que dan pistas acerca de la composición del cometa”.

miércoles, 27 de noviembre de 2013