miércoles, 11 de diciembre de 2013

Otra noticia más:

¿Una biosfera en el mundo vecino?

La exploración de Marte que desde hace casi dos décadas se está realizando en Marte tiene como objetivo último determinar si ese mundo vecino fue en el pasado una biosfera, recalcan los científicos del Curiosity. Y la historia del Marte primitivo está escrita en piedra. Con naves orbitales (sobre todo de la NASA, pero con la muy importante aportación europea de la Mars Express) y en la superficie del planeta, los científicos han estado hasta ahora buscando, sobre todo, el rastro del agua como condición imprescindible, pero no única, para la existencia de vida. Han encontrado ese rastro, huellas geológicas que muestran que no siempre fue Marte el árido e inhóspito planeta actual. Se han descubierto entornos en los que el agua debió ser no solo abundante, sino su presencia prolongada.
Pero además de agua hace falta una fuente de energía para alimentar el metabolismo microbiano, así como carbono, hidrógeno, azufre, nitrógeno, fósforo y otros elementos. El Curiosity, un geólogo rodante avanzado, se diseñó precisamente para buscar esos ingredientes necesarios. Y los ha encontrado en el cráter Gale, “que una vez tuvo un lago que habría sido apropiado para soportar una biosfera marciana”, resumen John Grotzinger y sus colegas en Science. No entran a discutir estos investigadores cuán largo o corto es el paso entre condiciones de habitabilidad adecuadas y la existencia efectiva de vida en un mundo, pero su Curiosity no fue diseñado ni optimizado para buscar directamente su rastro, aunque no se pueda descartar de antemano un descubrimiento vía, por ejemplo, los análisis de compuestos orgánicos.
El rastro de la vida será el objetivo de futuras misiones en el suelo del planeta rojo como la ExoMars de la Agencia Europea del Espacio (ESA), o el próximo vehículo todoterreno de la NASA, el descendiente del Curiosity. Muchos científicos, sin embargo, consideran que habrá que esperar un poco más, hasta que se traigan a la Tierra muestras de Marte estratégicamente elegidas para someterlas a los análisis más avanzados que los laboratorios aquí permitan.
Hola aquí os traigo una entrada que todos esperamos con ansiedad:

Pudo haber vida de microorganismos en Marte .

 
El robot Curiosity está en Marte en el sitio adecuado y con los instrumentos adecuados para encontrar lo que los científicos están buscando: indicios de que el planeta vecino pudo ser idóneo para la vida alguna vez en su historia. En el cráter Gale en el que el vehículo de la NASA descendió en agosto del año pasado hay una zona que, por sus características físicas y químicas, habría sido un lago de baja salinidad, pH relativamente neutro, con presencia de carbono, hidrógeno, oxígeno, azufre, nitrógeno y fósforo. Son ingredientes que hacen del lugar, bautizado Yellowknife Bay, un entorno teóricamente capaz de albergar microorganismos como los que se encuentran en cuevas y en fumarolas en la Tierra. Fue hace unos 4.000 millones de años y las condiciones adecuadas para una forma de biosfera en el lago, que debió ser un entorno fluvial lacustre, pudieron durar cientos o incluso decenas de miles de años, afirman John Grotzinger (líder científico de la misión del Curiosity) y sus colegas.
El Yelowknife tendría agua de baja salinidad y pH neutro
“Es importante resaltar que no hemos encontrado signos de vida remota en Marte, lo que hemos descubierto es que el cráter Gale pudo tener un lago en su superficie, al menos una vez en el pasado, que pudo haber sido favorable para la vida microbiana, hace miles de millones de años. Es un enorme paso adelante en la exploración de Marte”, explica Sanjeev Gupta, investigador del Imperial College de Londres y científico del Curiosity.
Los primeros resultados sobre la remota habitabilidad de Marte obtenidos por esta misión de la NASA fueron adelantados el pasado mes de marzo. Ahora, con más muestras y tras los análisis detallados de todos los datos, se publican las conclusiones en la revista Science, en seis artículos que cubren diferentes aspectos de la investigación. Además, los miembros del equipo presentaron ayer estos trabajos en una conferencia de la Unión Americana de Geofísica que se celebra en San Francisco.
Otro logro del Curiosity presentado ahora es la primera datación directa de rocas por métodos radiométricos, frente a las estimaciones indirectas que venían realizando los científicos por la densidad de cráteres en las zonas estudiadas. La edad medida ahora para la muestra de roca bautizada Cumberland es de entre 3.860 millones de años y 4.560 millones de años, lo que está en el rango que se había calculado para rocas del cráter Gale.
“Hay que resaltar que no hemos hallado signos de vida remota”
El lago de Yellowknife, de aguas someras y unos 50 kilómetros de largo por cinco de ancho, pudo tener agua dulce con elementos que son clave para la actividad biológica, lo que ofrecería condiciones perfectas para formas de vida simples como los microorganismos quimiolitoautótrofos, que obtienen energía por oxidación de compuestos inorgánicos, informa el Imperial College. Y no fue producto de una inundación ocasional, sino que esas aguas, en un entorno frío, debieron constituir un entorno habitable sostenido durante mucho tiempo (aunque pudieran ser subterráneas en algunos periodos), con condiciones adecuadas para una amplia gama de organismos procariotas, señala el equipo de Grotzinger.
El Curiosity, una misión del Jet Propulsion Laboratory (en Pasadena, California), no está en un lugar tan adecuado para encontrar lo que busca por casualidad. Los científicos eligieron como destino de su laboratorio rodante el cráter Gale, cerca del ecuador marciano, a partir de los datos obtenidos desde las naves de exploración en órbita del planeta vecino. Se habían identificado en esa zona rasgos geológicos que apuntan hacia entornos modelados por el agua en el pasado. El objetivo principal del robot es el monte Sharp del centro del cráter (de unos 154 kilómetros de diámetro), en concreto las estribaciones de esa elevación de rocas estratificadas.
Por primera vez se han datado rocas por métodos directos
Pero los rasgos geológicos descubiertos cerca del punto de aterrizaje (bautizado Bradbury) del Curiosity hizo que los científicos retrasaran la excursión al monte Sharp para tomarse su tiempo en varios puntos de Yellowknife Bay. El robot recorrió 445 metros (y descendió 18 metros) entre Bradbury y Yellowknife. Al Curiosity se le enviaron órdenes para que aplicase en ese terreno toda la batería de instrumentos de sondeo y análisis que lleva. Así, ha hecho pruebas químicas y mineralógicas, ha tomado microfotografías de las rocas e incluso ha perforado el suelo extrayendo muestras de sedimentos grisáceos de grano fino que se forman, con el paso del tiempo, a partir de arcilla o lodo. Imagen de una roca de Marte con el círculo en que el Curiosity la ha cepillado para desvelar sus rasgos característicos.
Uno de los seis artículos presentados ahora en Science recoge las medidas de radiación tomadas por el Curiosity durante su viaje desde la Tierra hasta Marte y allí, en el suelo, durante 300 días. “La exposición a la radiación en la superficie de Marte es mucho más alta que en la superficie terrestre por dos razones: Marte carece de un campo magnético global que deflecte las partículas cargadas [como la Tierra] y la atmósfera de Marte es mucho más tenue (menos del 1% de la terrestre), por lo que proporciona poca protección contra las partículas de alta energía”, explican Donald M. Hassler y sus colegas.
En una misión crece en un 5% el riesgo de desarrollar cáncer
Este tipo de medidas de radiación son importantes tanto para poder estimar las posibilidades de salir adelante que tendría cualquier forma de vida allí, como para conocer el riesgo que correrían los astronautas que viajaran al planeta vecino. La radiación medida por el Curiosity en el suelo marciano, entre agosto de 2012 y junio de 2013, ha sido de 0,67 milisievert de media (excluyendo tormentas solares importantes), mientras que la exposición en una radiografía torácica normal es de 0,02 milisievert. La dosis total que recibirían los astronautas en una misión en Marte (viaje de ida, estancia y regreso) sería de unos 1.000 milisievert, nivel que incrementa en un 5% el riesgo de desarrollar un cáncer fatal a lo largo de la vida de una persona.
“Si existe la vida marciana, o si existió en el pasado, es razonable asumir que este o estuvo basada en moléculas orgánicas y que tendría, por tanto, la misma vulnerabilidad a la radiación de partículas energéticas”, recuerdan los investigadores.


miércoles, 4 de diciembre de 2013



El extraño asteroide que expulsa material como a través de un aspersor

 


El extraño asteroide que expulsa material como a través de un aspersor

Los astrónomos han descubierto un objeto extraño que está expulsando parte de su masa como a través de un aspersor rotatorio. El astro se halla ahora en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter. El hallazgo plantea numerosos interrogantes.

Los asteroides normales aparecen simplemente como diminutos puntos de luz. Este extraño asteroide tiene seis colas de polvo, comparables a las de los cometas, que surgen desde él como los radios de una rueda.

"Es difícil creer que estamos viendo un asteroide", confiesa el investigador principal David Jewitt, profesor en el Departamento de Ciencias Terrestres y Espaciales de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y en el Departamento de Física y Astronomía de la misma universidad.

Una posible explicación para el enigmático fenómeno es que la velocidad de rotación del asteroide aumentó hasta el punto en el que material suelto de su superficie comenzó a volar cada vez más alto. Estas "erupciones" reiteradas de polvo expulsaron éste a suficiente distancia del astro como para formar las colas de tipo cometario que se ven ahora. El fenómeno pudo comenzar a manifestarse a partir de la primavera pasada.

El equipo ha descartado la hipótesis de un impacto reciente contra otro asteroide, porque una gran cantidad de polvo se habría expulsado al espacio de una sola vez. Este objeto, denominado P/2013 P5, ha expulsado polvo durante al menos cinco meses.


El asteroide fue visto por vez primera con el telescopio Pan-STARRS, en Hawái. Sus múltiples colas fueron descubiertas en imágenes tomadas por el Telescopio Espacial Hubble de la NASA el 10 de septiembre de 2013. Cuando el Hubble volvió a observar al asteroide el 23 de septiembre, su aspecto había cambiado de manera radical.

"Eso nos dejó atónitos", confiesa Jewitt.

Si la velocidad de giro se volvió lo bastante rápida, la débil gravedad del asteroide dejó de ser capaz de mantener unida toda la materia del asteroide. El polvo pudo ser arrastrado hacia el ecuador del asteroide y finalmente ascender al espacio para formar una cola con cada escape de materia. Hasta ahora, el asteroide sólo ha perdido una pequeña fracción (quizás entre 100 a 1.000 toneladas de polvo) de su masa. El núcleo, con un diámetro aproximado de 400 metros (1.400 pies) es miles de veces más masivo.

El objeto sí podría ser un trozo de asteroide resultante de una colisión entre asteroides acaecida hace unos 200 millones de años. Los fragmentos resultantes de la colisión, conocidos como la familia de asteroides Flora, todavía están siguiendo órbitas similares. Los meteoritos provenientes de estos cuerpos muestran evidencias de haber sido calentados en el pasado hasta temperaturas de unos 800 grados centígrados.

En la investigación también han trabajado Jessica Agarwal del Instituto Max Planck en Alemania, Harold Weaver del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, en Laurel, Maryland, Max Mutchler del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial en Baltimore, Maryland, y Stephen Larson de la Universidad de Arizona, estas tres últimas entidades en Estados Unidos.
El enigma de la tormenta de siglos de duración de Júpiter:


Lunes, 2 diciembre 2013
Astronomía

El enigma de la tormenta de siglos de duración en Júpiter


La enigmática persistencia de la Gran Mancha Roja de Júpiter, una tormenta colosal que se inició hace siglos y que todavía no ha cesado, desafía las explicaciones científicas convencionales. Ahora unos especialistas en dinámica de fluidos geofísicos han preparado un nuevo modelo que parece explicar por qué la misteriosa Gran Mancha Roja del planeta no ha desaparecido pese a los siglos transcurridos desde su formación.

La Gran Mancha Roja de Júpiter es uno de los mayores misterios del sistema solar. Por lo que los científicos saben en materia de dinámica de los fluidos, esta masiva tormenta, lo bastante grande para que en su interior quepan dos o tres planetas del tamaño de la Tierra, debería de haber desaparecido hace siglos.

Pedram Hassanzadeh, de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachusetts, y Philip Marcus, de la de California en Berkeley, ambas universidades en Estados Unidos, creen que pueden explicar el motivo de esa inusual persistencia de la tempestad en el planeta más grande de nuestro sistema solar.

Atendiendo a las teorías comúnmente aceptadas, la Gran Mancha Roja debió desaparecer después de varias décadas tras su inicio. En cambio, ha estado allí durante centenares de años.

Hay muchos procesos capaces de disipar vórtices como el de la Mancha Roja. La turbulencia y otros fenómenos que ocurren en la misma y a su alrededor tienden a debilitar la fuerza de sus vientos. El vórtice también pierde energía al radiar calor. Por último, esta supertormenta se mantiene entre dos fuertes corrientes en chorro que fluyen en direcciones opuestas y que podrían desacelerar su giro.Algunos modelos digitales muestran que un gran vórtice puede ganar energía si absorbe periódicamente vórtices más pequeños, lo que le permitiría durar mucho más tiempo. Sin embargo, no parece que esto suceda con una frecuencia suficiente como para explicar la longevidad de la Gran Mancha Roja.

En un intento de desentrañar el misterio de la supervivencia de la Mancha Roja, Hassanzadeh y Marcus elaboraron un modelo propio. Este modelo difiere de los existentes porque es totalmente tridimensional y de muy alta definición.

Muchos modelos de vórtices se concentran en los torbellinos de vientos horizontales, donde reside la mayor parte de la energía. Pero los vórtices también tienen flujos verticales, aunque éstos poseen una cantidad muy inferior de energía.

En el pasado, los investigadores ignoraron el flujo vertical porque no lo consideraron importante, o emplearon aproximaciones demasiado simplificadas, debido a que es muy difícil de modelar.

Pero resulta que el movimiento vertical de las masas de aire es el que contiene la clave para explicar el motivo de la longeva persistencia de la Gran Mancha Roja. A medida que el vórtice pierde energía, el flujo vertical transporta hacia su centro gases calientes de los niveles más altos y gases fríos de debajo del vórtice, restaurando parte de su energía perdida.

El modelo también predice la existencia de un flujo radial que succiona vientos ultraveloces de las fuertes corrientes en chorro hacia el centro del vórtice. Esto le bombea más energía, permitiéndole durar mucho más tiempo.

Hassanzadeh y Marcus saben que su modelo no explica por completo la larga duración de la Mancha Roja. Pero consideran que la absorción ocasional de vórtices menores, que concuerda con las observaciones, puede proporcionar la energía extra necesaria para permitir a la Gran Mancha Roja alcanzar los siglos de edad que ya tiene. Ya tienen planeado investigar más a fin de corroborar debidamente su teoría.

Hola:

Astrónomos españoles publican el catálogo de galaxias más detallado


El proyecto «Alhambra», liderado por investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y en el que participan científicos de 16 instituciones de diferentes países, ha identificado y clasificado más de medio millón de galaxias, después de siete años de precisas observaciones del Universo desde el Observatorio de Calar Alto (CAHA, Almería) y gracias a una técnica que descompone la energía de las estrellas en sus colores mediante filtros astronómicos..
La investigación también ha permitido calcular las distancias a las que se encuentran estas galaxias de nosotros con una precisión sin precedentes. «Alhambra» (siglas en inglés Advanced Large, Homogeneous Area Medium Band Redshift Astronomical survey) dispone de un sistema de veinte filtros que cubren todas las longitudes de onda del óptico y de tres filtros en el infrarrojo, lo cual permite determinar con gran precisión la energía emitida por las galaxias y la distancia de medio millón de galaxias con una profundidad sin precedentes para el tamaño de la muestra.
El cartografiado fue diseñado a medida para trazar la evolución del Universo durante los últimos diez mil millones de años, ya que en astronomía mirar lejos es mirar el pasado. «Podemos conocer cómo eran las galaxias en etapas muy tempranas de la historia del universo», explica el catedrático de Astronomía y Astrofísica del Observatorio Astronónico de la Universidad de Valencia Vicent Martínez, integrante del proyecto. «Una parte de los datos se ha puesto ya a disposición de la comunidad. Su análisis todavía aportará más resultados sorpresivos en los próximos meses», añade.

Disponible para todos

En la actualidad, los astrónomos disponen de sondeos de gran área y poca profundidad o de muestras muy profundas del cielo, pero que solamente contemplan una única y reducida región, lo cual no tiene en cuenta lo que se conoce como varianza cósmica, derivada del hecho que el Universo presenta regiones más y menos densas de galaxias. La visión del Cosmos que aporta «Alhambra» permitirá, por un lado, estudiar cómo ha cambiado el contenido estelar de las galaxias a lo largo del tiempo, es decir, saber cómo, cuándo y cuánto han envejecido. Por otro lado, el proyecto hará posible abordar cómo se distribuyen las galaxias en el Universo.
La inminente publicación de los datos supondrá el libre acceso del catálogo no solamente a la comunidad científica internacional, sino también a universidades, museos científicos, asociaciones astronómicas o colegios de cualquier lugar. «El valor científico de su legado lo convertirá en un proyecto español de referencia internacional en el estudio de las propiedades de las galaxias, el cual, además, servirá de propulsor para las futuras generaciones de cartografiados como JPAS, que extenderán el trabajo de 'Alhambra' de unas pocas regiones del cielo a todo el universo observable», dicen los investigadores.

 

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El lado ‘oscuro’ de la ciencia

 

 

Cuesta levantar, incluso a dos manos, este martillo neumático oxidado. Los mineros a veces lo sostienen con una sola, nos dicen, tal vez de ahí la bravura que se les supone. El ambiente bajo tierra es húmedo, denso, y hace algo de frío; entre la luz tenue, las carretillas, los raíles y los troncos para entibar, caen goteras que forman en el suelo charcos y barro. Dura ocupación la de la minería, que va desapareciendo. Sí, estamos en una mina, pero en pleno barrio de Chamberí. Una recreación de una explotación de carbón excavada con todo lujo de detalles bajo la Escuela de Minas de la Universidad Politécnica, que podrá ser visitada hoy durante La Noche de los Investigadores, que organiza la Fundación madri+d.
Esta iniciativa trata de acercar la figura de los científicos al público general, alejándose de los tópicos. En 2011 había en la Comunidad de Madrid 30.442 investigadores, lo que supone un 23,40% sobre el total nacional. La producción científica madrileña representa un 34,38% de la española y un 1,09% de la mundial. Y aunque los investigadores son valorados por el ciudadano, sus actividades muchas veces permanecen ajenas al hombre de la calle, encerradas en sus recónditos laboratorios, aunque luego la sociedad se beneficie de sus resultados.


Según un estudio publicado en 2012 por la fundación BBVA, España ocupa el último lugar en conocimiento científico en un grupo formado por diez destacados países europeos y Estados Unidos. Los continuos recortes a la actividad científica, en la que algunos ven un modelo de crecimiento imprescindible, tampoco ayudan. Esta misma semana cien directores de centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) alertaron del deterioro y posible colapso de la ciencia española, con consecuencias desastrosas para el futuro.
“La percepción está cambiando, pero suele pensarse que somos gente que vamos con bata blanca y gafas de culo de vaso hablando de cosas incomprensibles. Y que solo vivimos para la ciencia”, explica Ana Rodrigo, paleontóloga del Museo Geominero, “pero la gente se va dando cuenta de que la ciencia es necesaria, no puede esperar y forma parte de la vida de todos. También de que los investigadores somos gente normal”
Desde el cielo y la tierra
Parece sacado de una película de Indiana Jones, aunque aquí en vez de arqueología hay paleontología y geología: piedras, gemas, fósiles o meteoritos. El Museo Geominero (dentro del Instituto Geológico y Minero de España) es un gran desconocido, de aire decadente y decimonónico, en cuyo centro reposan los restos de un gran mastodonte y un enorme cuarzo rosa, que conmemora su inauguración en 1926 por Alfonso XIII. Precisamente de los fósiles —que vienen desde la tierra y el pasado—, y los meteoritos —que vienen desde el cielo— nos hablarán en su actividad.

• Museo Geominero (Ríos Rosas, 23), donde una gran galería reproduce el interior de una mina.
• La Sociedad Española de Bioquímica (Vitrubio, 8) organiza un taller para experimentar con olores.
• La Univesidad Carlos III presenta un espectáculo con robots.
Por ejemplo, mostrarán el último meteorito hallado en España, en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real). “Unos señores lo encontraron y lo tenían en su garaje: lo usaban para secar jamones” explica Rodrigo. “Se trata de un siderito, un meteorito metálico de 100 kilos con alto contenido en hierro y níquel”. Respecto a los fósiles: “Muchas veces la gente no entiende que un fósil es el resto de un organismo que está petrificado, y vamos a explicar el proceso con detalle”. Mostrarán hermosos fósiles de enormes dientes de tiburones de otras eras geológicas, de ammonites (algo así como el abuelo del calamar actual), de hojas, o de los trilobites que campaban a sus anchas en el paleozoico, y de los que se conocen más de 4.000 especies.
Luces del cosmos
Aunque no lo veamos, el campo magnético terrestre nos protege deteniendo las endiabladas partículas cargadas que el sol escupe en violentas fulguraciones, y que serían fatales para la vida. De la interacción entre la magnetosfera, los iones y la atmósfera surgen las fantasmagóricas y hermosas cortinas de luz que llamamos auroras polares. En la Universidad de Alcalá mostrarán el simulador de auroras Planeterrella, cedido por el Laboratorio de Planetología de Grenoble: “Es como una de esas bolas de cristal que contienen un paisaje sobre el que cae la nieve, solo que nosotros, en vez de meter un paisaje, introducimos dos esferas que simulan al Sol y la Tierra u otro planeta”, explica Consuelo Cid, profesora titular de Física en la Universidad de Alcalá.




Aplicando una descarga de alta tensión constante, conseguirán simular en miniatura el fenómeno de las auroras. “Uno de los problemas que encontramos para acercar la investigación a la sociedad, que la paga con sus impuestos, es que a los científicos se nos valora por nuestras publicaciones científicas, y si dedicamos tiempo a divulgar lo perdemos en investigar”, continúa Cid. “Debería valorarse la divulgación en el currículo, como, por ejemplo, hace Europa a la hora de asignar financiación a proyectos”.
Protagonistas
Donatello Castellana es un tipo normal: tiene 33 años y le gusta el baloncesto, el vídeo y la fotografía. Y luego resulta que es investigador en el prestigioso Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde se ocupa en asuntos como las células madre. “No tengo el pelo canoso y alborotado”, bromea. “Quien venga al CNIO puede comprobarlo”. En la actividad Ven a conocer a los científicos, ¡conviértete en uno!, Castellana y otros 30 compañeros explicarán cómo es del día a día de la ciencia. “Además de charlas y proyecciones, los participantes se pondrán bata y guantes para pescar el ADN de un tomate y entender de primera mano cómo es esta molécula”, cuenta. “Además, explicaremos cómo es nuestro trabajo cotidiano, discutiendo, experimentando, analizando o tomando café en el laboratorio”. En citas cortas de cinco minutos, científicos jóvenes de diferentes nacionalidades resolverán todo tipo de dudas.
Robots muy amables
No sabemos si algún día los robots dominarán el mundo, pero durante El show de la robótica en la Universidad Carlos III, conoceremos cómo pueden hacernos la vida más fácil algunos prototipos del consorcio RoboCity2030 en temas como accesibilidad, aplicaciones industriales o servicios al ciudadano. “El show es conducido por un actor y participan diferentes robots. Queremos mantener un tono riguroso, pero que al mismo tiempo sea divertido”, explica Eduardo Silles, uno de los organizadores. “Habrá robots como Urbano, Maggie o Sacarino, que pueden servir para hacer de guía en hoteles o museos, servir de compañía o cuidar enfermos”.

 

Cómo huele
Resulta que uno pude ser gustador, no gustador o supergustador, dependiendo de la intensidad con la que uno perciba los sabores. Los participantes en el taller Bioquímica con mucho sentido, podrán saber a qué clase pertenecen. Lo organiza la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular en el Instituto Cervantes, y en él habrá que reconocer distintos olores o experimentar cómo cambia nuestra percepción de los sabores cuando la vista y el olfato se bloquean temporalmente. “Cuando te tapas la nariz solo percibes la textura de los alimentos y no tanto su sabor, puedes no distinguir una manzana de una patata”, explica Isabel Valero, bioquímica y profesora de investigación del CSIC. “Cada año hacemos estas actividades para acercar la ciencia a la sociedad, y con mucho éxito. Hay poca cultura científica en España, y tal vez es culpa nuestra porque muchas veces no sabemos explicarla”, dice.
Además de todo esto habrá observaciones astronómicas, encuentros con emprendedores, ciencia deportiva o cotidiana, química de las explosiones, peligros espaciales, bacterias que producen electricidad, nutrición y gastronomía, toxinas que nos ayudan, entre otras muchas cosas sorprendentes e ilustrativas. Para perderle el miedo a la ciencia y a esos friquis por los que tomamos a los investigadores.



Aquí va otra noticia :

El tiempo en un planeta lejanísimo

 


El radio del planeta extrasolar Kepler 7b, izquierda, es 1,5 veces el de Júpiter, a la derecha. Las nubes del primero se han generado con los datos tomados con los telescopios espaciales 'Kepler' y 'Spitzer'. / NASA/JPL-Caltech/MI

 

Ya es posible observar el tiempo que hace a unos 1.000 años luz de la Tierra. Un planeta que orbita una estrella situada a esa distancia tiene constantemente un lado cubierto de nubes mientras que el otro probablemente se mantiene totalmente claro, han observado en el planeta Kepler 7b astrofísicos de varios países.
El trabajo es el primero que consigue hacer un mapa meteorológico de un exoplaneta. Uno de los hemisferios está cubierto de densas nubes, mucho más densas que las que existen en la Tierra, por lo que reflejan una gran parte de la luz que emite la estrella y enfrían el planeta, en comparación con otros de su mismo tipo.
El equipo ha generado un mapa de baja resolución de las nubes del planeta a partir de datos ópticos obtenidos con el telescopio espacial Kepler y de información en infrarrojo del Spitzer. Los investigadores también analizaron la luz que se origina en el planeta en diferentes fases de su órbita y encontraron que gran parte de su reflectividad se debe a la presencia de nubes y que éstas se distribuyen de forma no homogénea.
"Al observar el planeta con Spitzer y Kepler durante más de tres años, hemos podido producir un mapa de muy baja resolución de este planeta gigante gaseoso” , señala Brice-Olivier Demory, del MIT, que es el autor principal del artículo publicado en Astrophysical Journal Letters. “No podemos esperar ver océanos o continentes en estos mundos pero detectamos una firma reflectiva clara que interpretamos como nubes”.
El exoplaneta estudiado es del tipo Júpiter caliente, ya que está compuesto en su mayor parte de gas y es un 50% mayor que Júpiter. No está clara la razón del contraste entre la cubierta nubosa que hay en los hemisferios oeste y este, y los astrofísicos quieren estudiarlo en el futuro. “Resulta que Kepler 7b está en el rango de temperaturas en el que se pueden formar condensaciones a gran altura en la atmósfera”, dice Nikole Lewis, también del MIT. “Comparado con Júpiter tiene una menor gravedad, lo que permite que las partículas se mantengan arriba”.
“La detección de nubes en Kepler 7b es muy sorprendente, pero también convincente”, dice Drake Deming, catedrático de astronomía de la Universidad de Maryland (EE UU), quien no ha participado en el estudio. “Esto indica que los datos del telescopio Kepler [ya inactivo para la búsqueda de exoplanetas] son una mina de información que todavía no hemos explotado completamente, incluso para las propiedades atmosféricas”.